lunes, 30 de junio de 2008

Renta agraria y ganancias extraordinarias en la Argentina 1990-2003

Por Javier Rodriguez y Nicolás Arceo

En este trabajo, publicado en abril de 2008 por el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA), se analiza el patrón de distribución de la renta agraria en la economía argentina en los años noventa y su modificación como consecuencia de la devaluación del año 2002. Se realiza para ello, un cálculo de la renta agraria lo más aproximado posible,
dada la información disponible.

En la primera sección del presente trabajo se revisa brevemente el concepto de renta agraria, para posteriormente en la segunda sección evaluar los efectos de la aplicación de retenciones a las exportaciones en la economía local. En la tercera sección, se analiza el patrón de distribución de la renta agraria en la década del noventa. Por último, en las conclusiones se evalúan las implicancias de la apropiación de rentas en el proceso de desarrollo de la economía argentina.



Para consultar el trabajo completo ingrese al siguiente link:
http://www.iade.org.ar/uploads/c87bbfe5-7efa-bc07.pdf

viernes, 27 de junio de 2008

Consideraciones en torno al modelo de país que queremos

Por Mario Rapoport

Ante el reclamo efectuado por el sector agropecuario vuelve a plantearse en la agenda nacional un debate que se creía superado después de la crisis casi terminal que afectó al conjunto de la sociedad y de la economía argentina en el 2001 y 2002. Ese debate trasciende la mera discusión sobre las últimas medidas implementadas por el gobierno en torno a la política económica dirigida a aquel sector.

La implementación de las retenciones, con un tipo de cambio alto, el auge de las exportaciones y el aumento de los precios internacionales -junto a la recuperación del mercado interno- han permitido incrementar sustancialmente en los últimos cinco años los recursos tributarios, logrando un superávit fiscal inédito en la historia económica argentina. Esas retenciones impiden una suba indebida en los precios internos de los alimentos exportables, morigeran las ganancias extraordinarias del sector agroexportador, y permiten tener a disposición recursos que sirven no sólo como recaudo antíciclico y del pago de la deuda sino para aumentar gastos sociales y de infraestructura, otorgar subsidios a servicios públicos o estimular actividades productivas.

El campo no es uno sólo. Conviven realidades muy distintas con sectores altamente concentrados que disponen de la mayor parte de la tierra y de los recursos financieros y productivos y otros que dependen de aquellos. Los pequeños productores padecen en general de situaciones que ameritan una protección especial a sus ingresos, como ocurre en países de mayor desarrollo donde reciben fuertes subsidios. Pero esta problemática no depende del nivel de las retenciones sino de políticas específicas que redistribuyan una parte de esos recursos fiscales entre estos sectores. La concentración es un serio problema que afecta al conjunto de la economía argentina y debe atenderse mediante acciones de políticas económicas vinculadas con acceso al financiamiento, la provisión de apoyo técnico para incrementar la productividad, la reestructuración de las cadenas productivas, la transparencia en la formación de precios y el mejor funcionamiento de canales de comercialización.

Décadas distintas, políticas distintas, resultados distintos:

Dedicado a la dirigencia agropecuaria nacional…

Por Ing. Agr. Guillermo Daniel Martini

Paro agropecuario. Lock out patronal hasta desabastecer las ciudades. Los propietarios de campo se manifiestan con cortes de rutas en numerosos puntos del país. Los chicos "cardón" golpeando las ollas Essen en Palermo, Barrio Norte y Recoleta.
Declaraciones altisonantes: "Dictadores", "Ladrones", "Nos están matando", "El gobierno de Cristina Fernandez favorece la concentración"… Se tiran miles de litros de leche. Se sacrifican millones de pollitos. Se tira carne a la ruta. Se intenta paralizar la economía bloqueando las rutas nacionales. Se desabastece….
Todo esto en el marco de la mayor y más sostenida tasa de crecimiento y utilidad del sector: Los datos son objetivos: 100.000.000 de ttnn. de producción de granos. Ventas record de maquinarias agrícolas, boom inmobiliario con precios de campos que se multiplicaron por cinco. Endeudamiento cero, gas oil subsidiado, electricidad subsidiada, cero pago de peaje, dólar a $3,20, sueldos sectoriales que son los mas bajos del país.

Paro el reloj, lo atraso, recuerdo… Año 1990. La dirigencia agropecuaria exige sus reivindicaciones:
-Eliminación de las retenciones que exprimen el campo a favor de la industria.
-Eliminación de todos los organismos públicos de promoción y control, Junta Nacional de Granos y Junta Nacional de Carnes que con sus "arbitrarias resoluciones distorsionan el mercado y los precios" y con su funcionamiento hacen perder rentabilidad.
-Eliminación de 0,5 % de retención sobre las ventas de granos con destino a un INTA autárquico que producía tecnología apropiable.
-Privatización de los puertos ineficientemente administrados por el estado. Privatización de los FFCC que pierden un millón de dólares por día. Concesión de las rutas nacionales.
-Dolarización de la economía para ponerla a tono con los precios internacionales, así el campo se tecnifica y cobra la totalidad del precio internacional.
Propuestas que son un "negocio" según Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, y demuestra la miopía de CONINAGRO y Federación Agraria Argentina (según los primeros).

Llega Menem… De "caudillo riojano" que mete miedo a la oligarquía, a "mono con galera" homenajeado en un Pontiac descapotable en la pista de juras de la exposición rural. Menem dio TODO lo que la dirigencia del campo pidió.

# Se eliminaron las retenciones, se disolvieron las Junta Nacional de Granos y de Carnes, aquellas que garantizaban los Precios Sostén y en Origen y financiaban a precio subsidiado el fertilizante en canje por cereal…¿Se acuerdan qué lindo era, Sres. pequeños productores?.
# Se cerraron ramales ferroviarios que eran deficitarios, se privatizaron y concesionaron la explotación de las rutas, se eliminaron las alícuotas de importación de insumos. Se privatizaron los puertos, se eliminó el 0.5% sobre la comercialización de productos agropecuarios con destino al INTA, que con cambio de dirección empezó a investigar para Cargill, Monsanto, Dreyfus, etc. (investigación adaptativa que le decían, que adaptaba lo que venia de afuera y no hacia investigación propia). Se asfixió el sistema financiero nacional. Con esta maravillosa receta los camiones de los productores (los que tenían camiones) ya sin competencia del FFCC, empezaron a gastar menos gomas en las rutas concesionadas y "arregladas"… y a pagar 12 dólares de peaje cada 200 Km. Se compraban máquinas importadas a precio de ganga. Se conseguían Agroinsumos por moneditas, (Aunque en los envases tuvieran la leyenda en inglés "no apto para consumo en territorio de los EE.UU., only for exportation"…!?? ), se pagaban royalties hasta para estornudar, y la intelectualidad económica, inclusive los pseudo progres, festejaban, demostrando con complejos cálculos de eficiencia económica, que los costos de transacción habían disminuido entre un 5 y 7 %, sin las "molestias" que provocaban el INTA la JNC, la JNG, los FFFCC. Deficitarios. Se declararon Inviables varias provincias del NEA.
# Se decretó la convertibilidad del peso y se fijó un tipo de cambio en una relación de 1 a 1 con respecto al dólar. Diez años inamovibles, con una inflación que llegó al 110 % en el período y provocaba que cada vez que alguien estornudaba en México (efecto Tequila), o tosía en Rusia (efecto Vodka), o se rascaba en Brasil (efecto Caipiriña), todos lloraban en Argentina y las crisis externas se copiaban textuales aunque no tuviésemos nada que ver.
# Se conseguía plata a precio de ganga: 18% anual en dólares. Los Bancos extranjeros hicieron su agosto, las cooperativas salieron en auxilio de sus pequeños y medianos productores, y el sistema se llevó puesto a los productores y sus cooperativas. ¿Se acuerdan de esto Sres. de CONINAGRO y FAA?.
# La capacidad de compra de la producción agropecuaria se desbarrancó.
# La misma maquinaria que antes se compraba con 1000 qq. de trigo ahora se compraba con 4.000 qq.
# Un kg. de algodón en planta en el Chaco costaba mas caro que un Kg. de camiseta china puesta en el puerto.
# Un Kg. de helado valía lo mismo que 100 kg. de Soja (y no había retenciones y los costos de transacción habían caído un 7%).

El resultado inmediato y anunciado explícitamente por el Secretario de Agricultura Regúnaga en el Congreso anual de FAA en 1976 "Van a tener que desaparecer 200.000 productores por falta de escala", se manifestó rápidamente: Desaparecieron casi 300.000 pequeños y medianos productores, que alquilaron, o vendieron sus campos que hoy valen U$S 15.000 al precio de remate de U$S 900. (Si es que antes no se los había rematado su Banco amigo), y que, junto con los obreros de las empresas privatizadas pasaron a manejar taxis, o a comprar kioscos o a comerse su escaso capital como rentistas.

El proceso de concentración fue escandaloso. Estudios de economistas rurales serios, demostraron que para ganar la misma plata que en 1990, un productor, en 1999 debía producir 5 veces más por unidad de superficie. Y llegaron los POOLS de siembra y los capitales extraagrarios…. Y se fue al diablo la economía del interior del país. No se vendían máquinas, se cerraban las hilanderías, no se levantaba o se tiraba al río la fruta y la verdura, comíamos pollo y cerdo brasilero, uva chilena, naranjas israelíes, papas canadiense.
Y por supuesto sobraba gas oil, gas, electricidad, se podía viajar cómodamente en las rutas ya que no había tránsito, y los pequeños productores que quedaron aislados por el cierre de los ferrocarriles prendían velas a la virgen para que apareciera un camión a comprarle el carbón o el zapallo a precio vil.
Según datos de CONINAGRO (sí….: este mismo que ahora llama al lock out) la deuda del sector agropecuario llegaba en 1999 a 7.000.000.000 de dólares, y solamente el banco Nación, al que intentaron privatizar numerosas veces, tenía hipotecadas 12.000.000 de has. de la Pampa Húmeda.
Y Menem saludaba desde el Pontiac, aplaudido en la SRA, y los Dirigentes Agrarios del campo nacional miraban para otro lado, y en un máximo nivel de combatividad y por presión de sus bases, esas mismas que ahora dicen ser incontrolables, FAA y CONINAGRO, sin el apoyo de SRA y CRA. decretaban paros de 24 o a lo sumo 48 hrs. Sin piquetes por supuesto.
Estos eran solo para los negros y jubilados de Castells, ese mismo que ahora los arenga y ayuda en Córdoba.

Maravilloso mundo el regido por el "Mercado Soberano". "La Eficiencia Económica", el aplauso de los EEUU, ese mismo que ahora no sabe que hacer para salir de la crisis, mientras nosotros salimos de vacaciones….
Maravilloso el mundo del hambre , la desnutrición, el 40 % del desempleo, y la apatía de los combativos dirigente agropecuarios a los que les habían dado todo lo que habían pedido y ahora o festejaban en La Rural, o temblaban en su casas, según fueran los de la S.R.A. o de F.A.A.

Adelanto el reloj… llega el gobierno peronista, elimina la convertibilidad, fija y mantiene un tipo de cambio competitivo. Se pesifican las deudas de los productores y se dolariza su ingreso. Se congelan las tarifas de electricidad, gas. Se congela el precio del gas oil. Quedan pesificados los sueldos de los trabajadores que producen la soja dolarizada. La soja pasa de $15 a $65 el quintal.
El estado nacional emite bonos para compensar la pesificación de las deudas de los productores, bonos que hoy aún pagan todos los argentinos..
Los productores salen del endeudamiento e invierten en maquinarias, propiedades, etc.
Se produce el alza de los precios de la tierra que quintuplica su valor. Prácticamente desaparecen las hipotecas bancarias y la deuda del sector pasa de 7.000 millones de dólares a 800 millones de pesos.
El gobierno aplica la principal política de promoción del agro: Mantiene un dólar competitivo de 3.20: 1, vía intervención sistemática en el mercado comprando dólares cuando este cae.
Pero el sector agropecuario, beneficiado por la política de gobierno, más el alza de precios internacionales, no es el único sector de la economía. Los más perjudicados de la pesificación y la salida de la convertibilidad fueron los asalariados y los sectores de ingresos fijos, y en general, los desocupados y excluidos del sistema.
El gobierno adoptó una serie de medidas tendientes a la recuperación del salario y a la recomposición del ingreso, combatiendo la desocupación que cayó a menos del 8 % y aumentando los salarios por encima del costo de vida. Seis millones de personas salieron del desempleo y un millón seiscientos mil ancianos sin aportes accedieron a una jubilación. Recompone los ingresos y defiende su capacidad de compra.
Es que un tipo de cambio 3,20:1 con duplicación de los precios internacionales, se convierten en una maravilla para los ingresos del campo, pero en un desastre para la gente de ingresos fijos que se alimenta de esos mismos productos que aumentan. Y las retenciones se explican en ese marco: Son depresoras de los precios internos y trabajan como herramienta de recaudación directa del estado, que se queda con la diferencia entre los precios internos y los internacionales.
Con ese dinero el gobierno realiza políticas de estado: Obras públicas, autopistas, saneamiento de cuencas hídricas inundables, ferrocarriles, etc. Con ese excedente el gobierno también interviene en el mercado cambiario, manteniendo un dólar alto y competitivo que favorece a las exportaciones entre ellas, las del sector agropecuario.
Con ese excedente el gobierno tiene reservas y está blindado ante la crisis internacional, que hoy hace temblar a EEUU y a Europa y a nosotros ni nos toca, y estabiliza las condiciones macroeconómicas internas
Con ese excedente el gobierno paga jubilaciones, genera empleo, atiende a los excluidos, paga la universidad pública y gratuita, los hospitales públicos etc.
Con ese excedente el gobierno subsidia a los combustibles, la electricidad, los peajes, el transporte de carga, mantiene bajos los alimentos de primera necesidad que de no ser así serían inaccesibles a los sectores asalariados. Inclusive a los peones rurales.
El gobierno interviene de la misma manera en el petróleo y minería.
Podemos acordar que existió poco diálogo, que no se discutió parte de esta política, y que debería haber políticas diferenciales explícitas y ágiles que compensen las asimetrías entre los pequeños y medianos productores, distribuidos en todo el país, respecto a los pools de siembra y capitales extraagrarios que hacen su agosto quedándose con el grueso del producto de la extraordinaria renta de la tierra, propiedad de contenido social según nuestra constitución.
Lo que los dirigentes agropecuarios nacionales deberían tener es un poco mas de memoria, y acordarse de lo que pasó en la historia argentina del último siglo.
Un principio elemental que tiene raíces en la ética y en el sentido común, es el de que nunca nos podemos aliar con el enemigo.
Y mucho menos para combatir a un gobierno que ha dado sobradas muestras de coherencia en materia económica, social y de derechos humanos, y que ha llevado un país destruido a otro donde empieza a valer la pena ser vivido.
Si, como en el caso de Federación Agraria Argentina, FAA, nacida al calor de la lucha contra la oligarquía terrateniente, nos aliamos con esos mismos enemigos que lucharon toda su historia por destruir las bases de un país independiente, no dudando para ello en fomentar golpes de estado, avalar la masacre de argentinos, desde la Patagonia trágica en adelante, pasando por los golpes contra los gobiernos democráticos de corte nacional, los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos, el golpe del 66, el del 76, paseando con honores a dictadores, y proveyéndoles ministros de economía y base política de acción, estamos irremediablemente destinados a repetir la historia y a convertirnos en avalista aún sin pretenderlo, de las acciones que estos sectores realizaron en el pasado y hoy se empeñan en repetir.
Deberían recordar, Sres. dirigentes agropecuarios del Campo Nacional, integrantes de organizaciones de centro izquierda y de organismos que luchan contra la pobreza, que su aliado en este lock out patronal sangriento, que condena al hambre y a la angustia a millones de argentinos de ingreso fijos, que la Sociedad Rural Argentina, tiene un predio en Palermo cuyo principal pabellón lleva el nombre de José Alfredo Martínez De Hoz.
Y si no, basta con escucharlos hablar de Piquetes de blancos, llamando a la insurrección y al sitio por hambre a las ciudades, a firmar pedido de plesbicito por SMS para reemplazar a la presidenta, o directamente golpeando las puertas de Olivos pidiendo su renuncia. A una presidenta que hace nada más que 110 días, asumió con el 45 % de los votos.
Y no duden, señores dirigentes agropecuarios, que sus aliados, en alguna otra oportunidad de gobernar que tengan y que ya están buscando, se van a encargar de hacer desaparecer a los 180.000 pequeños y medianos productores que se salvaron de la década del 90, y a los cuales este gobierno rescató.

Esta nota fue publicada en el portal:
http://www.tercermundonline.com.ar/index.php?option=news&task=viewarticle&sid=10753

Ganan como nunca

Por Nicolás Arceo y Javier Rodríguez

Incluso con el aumento de retenciones y con los actuales precios internacionales, la producción agraria mantiene niveles de rentabilidad elevadísimos.

El incremento de las retenciones a las exportaciones de los principales productos agrícolas y la transformación de su alícuota fija en móvil refuerzan la desvinculación de los precios internos respecto de los vigentes en el mercado internacional. Las retenciones a las exportaciones ya han demostrado su efectividad como un instrumento insustituible en el combate de la inflación, en un contexto de alza de los precios externos. La importancia de esa herramienta se hace más nítida ante los magros resultados que se observan en el último tiempo con los acuerdos de precios, muchas veces implementados caricaturescamente.

La necesidad de incrementar los niveles de retenciones queda en evidencia al observar los precios de los principales cultivos agrícolas durante los últimos meses. Con respecto al valor promedio que registraron en 2006 y 2007, en la actualidad se observa un aumento del 86,9 por ciento en el caso del girasol, de un 75,7 por ciento en la soja y de un 59,2 y 43,4 por ciento en el caso del maíz y del trigo, respectivamente. El precio internacional de estos productos en dólares constantes es el más alto de los últimos 25 años, con la única excepción del maíz, que registró cifras similares en 1996.

Como se ha señalado desde las organizaciones agrarias, la aplicación de retenciones como medida antiinflacionaria tiene como contracara la reducción de la rentabilidad de las explotaciones agropecuarias. La amenaza es que podría contraer la producción. Pero este argumento no es válido en la coyuntura actual: los niveles de imposición vigentes no la afectan negativamente.

Los elevados precios internacionales, juntamente con el mantenimiento de una moneda depreciada, han permitido un incremento muy significativo de la rentabilidad en el sector agropecuario en la post-convertibilidad, aun con la aplicación de retenciones. En 2007 se ubicó un 72 por ciento por encima de la registrada durante la vigencia del plan de convertibilidad (ver cuadro). En este contexto, la elevación de las alícuotas de exportación no sólo no genera una reducción de los márgenes de rentabilidad con respecto a los registrados en la campaña 2006/07 sino que, más aún, involucra un alza del 43 por ciento de mantenerse los precios vigentes.

Estos altos niveles de rentabilidad en el sector agropecuario se han traducido en un extraordinario incremento en el valor de la tierra, especialmente en la región pampeana. Por ejemplo, en 2007 el precio en dólares de la tierra en la región maicera de la provincia de Santa Fe se ubicó un 171 por ciento por encima de los valores registrados en el quinquenio 1995-1999.. A comienzos de 2008, los precios continúan evidenciando una tendencia alcista. El incremento general de la rentabilidad presenta, sin embargo, ciertas heterogeneidades al interior del sector. En este sentido, el aumento de la alícuota de las retenciones podría afectar la rentabilidad en las pequeñas explotaciones, como consecuencia de los menores niveles de rentabilidad preexistentes originados en las escalas de producción más chicas.

No menos importante en cuanto medida adoptada es el efecto de la ampliación de las retenciones diferenciales sobre la propia producción agropecuaria, a través de la modificación de las rentabilidades relativas entre las distintas producciones. El incremento de las retenciones a la producción sojera eleva la rentabilidad relativa de otros cultivos, así como de la producción ganadera. En el caso de esta última actividad, que mantiene una elevada rentabilidad absoluta, la mejora de la relativa podría permitir la expansión ganadera en terrenos antes dedicados a la producción agrícola. Se trata de un efecto relevante por cuanto podría evitar, en el mediano plazo, las significativas restricciones en la oferta que han afectado ya el abastecimiento de los mercados internacionales.

En pocas palabras, el aumento de la alícuota de las retenciones hace prever una mayor recaudación fiscal, sin afectar negativamente la producción primaria. Queda, sin embargo, todavía pendiente un debate acerca de qué se hace con esos fondos adicionales que ingresan a las arcas públicas. Esa es la segunda parte de esta historia que no está aún precisada.

El debate constitucional

"La democracia se defiende con más democracia". Estás fueron las palabras de la Sra. Presidenta de la Nación cuando hizo pública su decisión de enviar al Congreso la medida de las retenciones, quién además aclaró fue tomada en pleno uso de sus facultades jurídicas.

El diario Página 12 publica hoy un artículo firmado por el Dr. Beinusz Szmukler y Eduardo Tavani, Presidente y Secretario general de la Asociación de Abogados de Buenos Aires respectivamente, en el que sostienen que: “Los artículos 4 y 75.1. de la Constitución Nacional, cuando se refieren a derechos de importación y exportación, involucran a los impuestos y tasas aduaneras, y deben ser establecidos por ley, conforme los arts. 4, 17, 52 y 75 incs. 1 y 2, de nuestra Ley Suprema. Si bien el legislador define la política legislativa, ello no obsta a que autorice al Poder Ejecutivo a completarla a través de reglamentos de integración o delegados. La Corte Suprema de Justicia de la Nación admite la legislación delegante, de mediar una clara política legislativa para el ejercicio de tal atribución”.

A su vez, afirman que: “La norma delegante que habilitó al Poder Ejecutivo a incrementar las retenciones, está presente en el art. 755 del Código Aduanero, que las admite para: promover, proteger o conservar las actividades nacionales productivas de bienes o servicios, así como dichos bienes y servicios, los recursos naturales o las especies animales o vegetales, estabilizar los precios internos a niveles convenientes o mantener un volumen de ofertas adecuado a las necesidades de abastecimiento del mercado interno. Esa delegación legislativa tiene vigencia por las prórrogas sucesivas de la disposición transitoria 8ª de la Constitución Nacional”.

Entonces, continúan sosteniendo que: “la decisión del Poder Ejecutivo de remitir al Congreso Nacional un proyecto sobre la cuestión aparece como un plausible intento de desactivar la tensión imperante y una contribución al diálogo”. En este sentido dicen: “… denunciamos la ilegalidad que implica el ejercicio del “poder de policía”, y el de funciones policiales por parte de quienes, arrogándose potestades que no poseen, han ejercido inusitadamente el “control” del transporte de bienes, productos y personas, imposibilitando el traslado de productos alimenticios y de medicamentos destinados a abastecer a la población en general, así como también respecto de insumos indispensables para el normal funcionamiento del aparato productivo del país”.

Y concluyen: “Si bien las medidas dispuestas por las entidades rurales exceden la definición del lockout es evidente que fueron dirigidas contra el Estado Nacional y con afectación directa al conjunto de la sociedad. Señalamos que no existe norma alguna ni aquí ni en terceros países que los reconozca como un derecho, y en muchos Estados es una práctica prohibida”.
Para ver la nota completa, visite el link:

Discurso de la Sra. Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner
http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=3486&Itemid=66

Las retenciones: un antídoto para la enfermedad holandesa

Por Matías Kulfas

Hace más de 25 años, Marcelo Diamand –uno de las mentes más lúcidas que tuvo el pensamiento económico de la Argentina en el siglo XX- escribió un artículo titulado “La estructura productiva desequilibrada y el tipo de cambio”. Ese artículo posee una sorprendente actualidad. Diamand era un economista profundamente comprometido con el desarrollo económico e industrial. Por entonces, procuraba debatir con el pensamiento ortodoxo acerca de la caracterización del sector industrial argentino. No faltaban, al igual que en las últimas décadas, quienes sostenían que la industria argentina era ineficiente y que sólo podía sobrevivir en base a una política económica que generara distorsiones en la economía doméstica e inhibía las capacidades de desarrollo. Para estos analistas la receta era muy simple: liberalizar y desregular la economía y permitir que los sectores más eficientes (el campo y las finanzas) guiaran el crecimiento del país.
A comienzos de los años ’70, la industria argentina mostraba ya cuatro décadas de trayectoria evolutiva. Estaban a la vista su brecha de crecimiento respecto a los países industrializados, pero también era posible observar logros significativos. El economista Jorge Katz relevó 30 proyectos de exportaciones de plantas llave en mano a comienzos de esa década, es decir, la Argentina de esos años exportaba tecnología. Vale mencionar los avances en la siderurgia, la metalurgia, la energía atómica, las industrias naval y aeronáutica y la química, además del núcleo tradicional de alimentos, bebidas, textil e indumentaria. La Argentina de esos años comenzaba a exportar bienes industrializados, aspecto que permitía avizorar una luz que permitiera romper el círculo vicioso que derivaba en los denominados ciclos de stop and go.
No obstante estos avances, la ortodoxia y muchos sectores de poder sostenían que la industria argentina era ineficiente y no tenía sentido perder el tiempo despilfarrando recursos en su desarrollo. Ante esta aseveración, Marcelo Diamand se propuso analizar con minuciosidad y rigor las características estructurales de la economía argentina y las bases de esa conflictiva relación entre campo e industria. Sostenía Diamand que en realidad era incorrecto afirmar que la industria argentina fuera ineficiente en términos absolutos. Por el contrario, muchos sectores manufactureros podían exhibir un buen desempeño tecnológico y productivo en una comparación específica con el mismo sector de otros países, incluso con algunas economías más industrializadas. El problema, mantenía Diamand, es que la Argentina posee una estructura productiva desequilibrada en la cual conviven un sector agropecuario de larga trayectoria y muy elevada productividad, basada en la fertilidad de los suelos, con un sector industrial más incipiente y de menor productividad relativa. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Que la mayor productividad del campo y su característica de sector exportador conducen a un permanente ingreso de divisas cuyo efecto es la apreciación de la moneda doméstica. Esta apreciación monetaria afecta la competitividad del sector industrial y en eso se basa la presunción de su ineficiencia.

La teoría económica trató este tipo de problemas con posterioridad con la denominada “enfermedad holandesa”. Este fenómeno surge del análisis de lo ocurrido en Holanda en la década del ’80, cuando dicho país descubrió la existencia de valiosas reservas de gas natural en el Mar del Norte. Descubrimiento que, naturalmente, fue muy bien recibido. Por entonces, Holanda era un país con una industria manufacturera muy competitiva y desarrollada. La explotación del gas parecía una bendición para incrementar su riqueza. Sin embargo, el fuerte incremento de las exportaciones de ese recurso llevó a que la mayor oferta de divisas apreciara su moneda y su sector industrial, que –como dijimos- era muy competitivo, sufriera una súbita caída de su competitividad. El análisis de Diamand fue anterior a la teorización de la enfermedad holandesa, y por ese motivo, Hugo Nochteff en “El desarrollo ausente” define al caso argentino y a la tesis Diamand como “enfermedad holandesa evolutiva”.
¿Cómo se afronta esta situación? La respuesta de Diamand es que la política económica debe estimular el desarrollo industrial promoviendo la equiparación de la estructura de productividades relativas, y en esto juega un papel central la política cambiaria. La respuesta es entonces la fijación de un sistema de tipos de cambio múltiples que mejore la competitividad de la industria ante el sesgo distorsivo que introduce el agro en el funcionamiento de la economía. Esta aseveración parte también de la base que la industria manufacturera parte con desventajas comparativas respecto al agro. La manera de morigerar esas asimetrías y esos desequilibrios no son naturalizándolos sino, precisamente, comprendiendo su naturaleza y obrando para modificarlos.
La respuesta de Diamand se parece muchísimo a la política económica implementada a partir de 2003. El elemento introducido en este caso han sido las retenciones a las exportaciones. De este modo, la fijación de un tipo de cambio competitivo permite estimular la industrialización sin que ello derive en una excesiva apropiación de la renta generada en la economía por parte del sector agropecuario. Al mismo tiempo, evita que el incremento internacional del precio de los alimentos se traslade en su totalidad al mercado doméstico.

Recordemos el procedimiento de política cambiaria vigente. La autoridad económica establece un tipo de cambio competitivo en términos reales. Mucho se ha discutido en la literatura económica acerca de la existencia o no de un tipo de cambio real de equilibrio y de su inexorable “reversión a la media”. Si esto fuera así, dicen los ortodoxos (y sostienen que así es), no tiene sentido una política monetaria que estimule una moneda devaluada ya que tarde o temprano el tipo de cambio tenderá a ubicarse en torno a su valor de equilibrio. Sin embargo, muchos países apuestan a administrar una apreciación suave de modo tal que la volatilidad no afecte la marcha de los negocios en la economía real y, fundamentalmente, los proyectos de inversión. Siendo el tipo de cambio real un precio clave en una economía como la Argentina, una gran volatilidad, al igual que una fuerte apreciación, es un desaliento a la inversión.
La apuesta entonces es a fijar una paridad competitiva para luego sostenerla “comprando”, mediante la emisión monetaria, los excesos de oferta de dólares que generan las exportaciones. El procedimiento finaliza mediante la esterilización, es decir emitiendo bonos para evitar que la inyección de moneda local genere tensiones inflacionarias. De esta forma, el sector agropecuario obtiene una elevada rentabilidad derivada de un tipo de cambio efectivo (tipo de cambio nominal menos retenciones) que resulta más elevado que en situación “de equilibrio” y el sector industrial tiene incentivos para exportar y sustituir importaciones y una protección para evitar el exceso de importaciones.

Como se puede apreciar, las retenciones distan de ser una mera herramienta recaudatoria para jugar un papel central en la política económica. En primer lugar, porque garantizan el crecimiento de la producción en su conjunto sin que la expansión agropecuaria se traslade automáticamente al precio de los alimentos que se consumen en el mercado interno. En segundo lugar, porque no atentan contra la rentabilidad del agro: los márgenes brutos por hectárea son en la actualidad, y aún con el nuevo esquema de retenciones, un 300% más altos que durante la Convertibilidad, como lo han demostrado los cálculos de Nicolás Arceo y Javier Rodríguez. En tercer lugar, y tal vez el más importante, porque de lo que se trata, en definitiva, es de articular una estrategia que permita asociar al campo y la industria en una estrategia de desarrollo. Y, fundamentalmente, que el desarrollo de uno estimule al del otro y viceversa (el ejemplo más claro es la maquinaria agrícola, pero también la biotecnología, el software, entre muchas otras). Finalmente, cabe señalar que es incorrecto señalar que las retenciones son distorsivas porque, en definitiva, son un impuesto a las ganancias generadas por la política de sostenimiento del tipo de cambio. Desde el punto de vista del sector agrario, el tipo de cambio nominal sin la mencionada política resultaría más bajo que el tipo de cambio efectivo que vienen percibiendo estos años.

En suma, las retenciones son una herramienta que equilibra las condiciones estructurales para forjar la construcción de una sociedad incluyente, donde el campo pueda crecer y dar cuantiosas ganancias como en estos últimos años pero en armonía con el proceso de reindustrialización, la recuperación del empleo y el salario.
Esta nota fue publicada por el Diario Buenos Aires Económico el 25 de junio 2008

jueves, 26 de junio de 2008

¿Demócratas o autoritarios?

El ser y el parecer del campo. En la actualidad, el campo ha cambiado de estrategia. Atrás quedó la imagen de la vieja oligarquía cogotuda. Hoy se disfraza de popular, cortando rutas, armando piquetes “blancos”, como ellos mismos afirman. Utilizando un lenguaje llano sin vueltas logra, por primera vez en la historia, movilizar a la masa, que hoy sale a la calle con sus cacerolas y apoya falsos paros.

Como dijo, Horacio González, en su artículo “Asamblea por televisión” publicado por página 12: “ …emerge una nueva derecha social con imágenes y estilos, por qué no, de una rápida izquierda con la que todo viejo argentino vizcacha sabe coquetear”.

Sin embargo, utilizando ese lenguaje rústico y campechano, podríamos decir que aunque la mona se vista de seda, mona queda. Aunque ahora quieran mostrarse dialoguistas, democráticos, no lo son, como no lo fueron nunca.

Los líderes de esta nueva derecha sostienen en los medios de comunicación que “el gobierno se tiene que bañar en democracia”. Con su falso paro, ya que se debería llamar corte de rutas porque tranqueras adentro siguen trabajando y fronteras afuera vendiendo, pretenden extorsionar al gobierno, y así lo manifiestan al afirmar que: “el campo mantendrá su protesta el tiempo que sea necesario mientras el Gobierno no quiera escuchar al pueblo”. Ellos que sólo representan a uno de los sectores que integran la sociedad, se pretenden el pueblo. A su vez, son capaces de sostener que: “si los legisladores ratifican las retenciones hay que disolver el Congreso”, el espacio institucional en el que todos los argentinos estamos representados.

Adjunto, publicamos una solicitada que la Sociedad Rural publicó en 1978 motivada por el aniversario del golpe. ¿Dónde estaban los valores democráticos que hoy dicen defender?, claro, en esa época no necesitaban disociar el ser y el parecer.


http://www.perfil.com/contenidos/2008/06/15/noticia_0035.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-104917-2008-05-26.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-106292-2008-06-19.html